gracias, niebla
Acostumbrado al clima de Nueva York,
tan familiarizado con su contaminada niebla,
a ti, su inmaculada Hermana
te tenía olvidado por completo,
a ti y a cuanto aportas
al invierno británico.
Ahora, esa impresión nativa vuelve a mi.
Enemiga implacable de la prisa,
amedrentadora de conductores y de aviones,
todo lo veloz, desde luego, te maldecirá,
pero cuánto me agrada
que hayas sido persuadida a visitar
el hechizado campo de Wiltshhire
a lo largo de toda una semana
en estas Navidades,
evitando que a alguno le diese por venir
aquí donde mi mundo se reduce
a esta vieja casa solariega
en la que gozamos de la amistad nosotros cuatro:
Jimmy, Tania, Sonia y yo.
de W. H. Auden
Lewis, desde sus 10 años, se abrazó a mi cuello, con las piernas rodeando mis caderas. Tu empezaste a llorar. Otra despedida más. Aquella Navidad no la pasaríamos juntos. Tampoco las que vinieron despues. ¡Feliz Navidad!

Meneame
del.icio.us