festivo
El
El rio Ebro ha inundado la Barcenilla despues de juntarse con el Hijar, baja de un color chocolate. Ha deteriorado el camino ribereño, las aguas han arrastrado las gravas del mismo. El camino ha quedado poco practicable.
He dado un paseo de vuelta a casa, despues de comprar pasteles. Hoy es la onomástica de mamá, y le encanta la repostería.
Hace 4 años, los chicos, tu y yo esperábamos nuestro turno para comer en un café balear, al lado del puerto. Ya habíamos hecho preparativos prenavideños, como la compra de un abeto, que cargaste en la Kangoo. Mientras llegaba nuestra hora para la comida Lewis, tu hijo pequeño, hablaba con toda familiaridad con una presumible "nueva" abuela -mi madre- al otro lado del teléfono.
Comimos cerca de la barra, y en la comida observabas a una pareja de mediana edad que no hablaba entre sí. Me dijiste que no querrías verte nunca en una situación así. Quizás recordabas otros silencios que habías vivido.
Ya ves, el tiempo y las circunstancias han creado un silencio entre nosotros aun peor, más terrible.
De vuelta, de la isla, a la casa de los padres, me he reencontrado con un silencio como el del restaurante: el de la pareja, el de mis padres, el de siempre. No hay lugar para la alegría, parece que la vida deba de ser lúgubre.
Despues de comer, los niños desaparecieron por el puerto, y tardamos un buen rato en dar con ellos. Anochecía, y el pequeño quiso ir a Xon Xoriguer.
Recordaba al padre que ya no estaba. Deambulamos por las calles de la urbanización y por la playa. Fue un bonito día.

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